Un artículo del diario El Cronista habla sobre este nuevo nicho de negocio que las empresas se proponen explotar con más fuerza.

A continuación, la nota completa:
Si los Beatles siguieran existiendo, tal vez deberían revisar su célebre canción. When I’m sixty-four (Cuando tenga 64 años) para incluir la gama de productos y servicios financieros que se están desarrollando para las personas mayores, un nicho que cada vez resulta más atractivo a los ojos de la industria y de la economía en general. Es lo que desde hace algunos años se conoce como “Silver Economy” (o Economía Plateada, en alusión a las canas que aparecen a esa edad) y que sirve para describir a este segmento de la población que cobra mayor peso relativo a nivel mundial, con un poder adquisitivo elevado y que demanda bienes y servicios muy especializados y con un alto valor agregado.

Es un hecho comprobado que el mundo, tanto desarrollado como emergente, está asistiendo a un proceso de envejecimiento de su población (porque la gente vive más y tiene menos hijos), el cual está más acelerado en los países desarrollados. Por lo tanto, esta profunda transformación de la pirámide poblacional también comienza a verse reflejada en los sectores industriales y de servicios financieros, donde los productos diseñados para mayores de 60 años todavía están, en la mayoría de los casos, en pañales.

Naciones Unidas calcula que dentro de una década habrá en el mundo mil millones de personas que superen esa edad, cantidad que se duplicará en 2050, señal de que la transición demográfica es muy significativa. En la Argentina, el país más envejecido de Sudamérica (de acuerdo con un informe publicado por el Inadi), uno de cada siete habitantes (13,5%)  supera las seis décadas, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires esa proporción es mayor: uno de cada cinco porteños (22%), al nivel de países desarrollados.

Cambia, todo cambia

Este cambio en la pirámide poblacional no podía dejar de verse reflejado en la oferta y demanda de bienes y servicios. Sobre todo cuando se sabe que esta generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial (el famoso baby boom que hizo crecer explosivamente las tasas de natalidad) posee un nivel de riqueza superior a los mayores de antaño e incluso a las generaciones más jóvenes de hoy en día (se calcula que en los próximos años este segmento representará la mitad de la demanda global en varios países desarrollados).

El sector financiero ya está tomando nota de esta transformación en el perfil de sus principales clientes, por lo que cada vez surgen más instrumentos y productos diseñados especialmente para ellos. Un grupo donde los ingresos generados por rentas ocupan un lugar tan preponderante es una mina de oro para las compañías de seguros y los fondos de pensión. Para estas empresas, desarrollar productos para esta clase de personas no debería resultar demasiado complicado, ya que naturalmente estarán alineados con su negocio principal.

Para los bancos y demás compañías financieras que ya poseen productos específicos para el segmento de mayor poder adquisitivo, tal vez habría que adaptar varios de ellos a las particularidades de las personas mayores, con mayores dificultades para desplazarse y más demandantes de una atención personalizada.

En los demás sectores industriales también van surgiendo oportunidades de inversión a medida que crece el peso relativo de los mayores de 60. A tal punto que muchos gobiernos están lanzando planes de apoyo a empresas que se concentren en esta nueva demanda.

Arnaud Montebourg, ministro francés de la Reconstrucción Productiva, sostuvo recientemente que: “Tenemos que agrupar y organizar a todas las compañías que trabajen para o con los mayores. Deseamos darles a estas empresas los medios para que imaginen, desarrollen y distribuyan productos y servicios que ayuden a la autonomía de los mayores del futuro, tanto en Francia como en el mundo. Creación de servicios personalizados, tecnologías para la autonomía, domótica, objetos conectados, así como bienes y servicios que pronto serán indispensables y que se desarrollarán fuertemente en los próximos años. Es por eso que este nuevo nicho representa también una promesa de creación de 300.000 nuevos empleos de aquí a 2020. De la misma manera que tenemos que preparar la transición energética, debemos anticipar la transición demógrafica que se viene”.

Mayor peso relativo

Un dato no menor en este cambio de paradigma es el hecho que ya no se ve a los mayores de 60 como una carga para el resto de la sociedad sino como una oportunidad de un nuevo impulso al crecimiento económico (hasta hace algunas décadas atrás, los gobiernos desarrollados se concentraban en ver cómo sostener los costosos programas de asistencia social con una población que envejecía; a partir de la crisis suprime, estos programas se empezaron a desmantelar).

Con el retroceso de la edad de jubilación en numerosos países, el mercado comenzó a nutrirse de muchos mayores que siguen formando parte de la fuerza laboral, algo que los analistas ven como positivo, ya que ayudaría a revertir el bajo crecimiento económico actual (un informe británico afirmó que retrasar un año la edad de jubilación aumentaría en un punto el PIB real, sin incrementar el desempleo entre los más jóvenes).

Pero así como crece el interés de las empresas por ofrecer productos y servicios para este segmento con un mayor peso relativo, también se incrementa su poder de presión desde el punto de vista político, por lo que no debería sorprender tampoco que las políticas públicas del futuro tengan más en cuenta a los mayores. Como que, por ejemplo, en la Argentina el Gobierno nacional deje de financiar al Tesoro con fondos de la ANSeS.